Cuando nos bajamos del tren mucha gente quiereg vernos, después de todos somos del Distrito 2. Hay muchas cámaras y debo dar una buena impresión, así que me obligo a sonreír. Pero no una sonrisa tonta, sino una llena de malicia. Unos elegantes coches nos llevan a un edificio de varias plantas donde nos arreglarán para el Desfile de Tributos de esta noche, lo único que espero es que la ropa no sea tan ridícula. Para prepararnos por fin me separan de Cato hasta y siento un gran alivio. Entonces veo la habitación, es amplia y no entra luz, hay varias camillas, sillones, un tocador lleno de productos. Entonces entra mi equipo de preparación: se llaman Tina, Galhia y Hox, los tres son muy raros y juro que se esfuerzan por hablar cada minuto desde este momento. Yo me quedo callada, dejando que quiten el poco vello corporal que tengo, recorten mi cabello y me llenen de productos asquerosos. Trato de relajarme pensando en qué estrategia debo usar en la arena y cómo manejaré las alianzas. Podría conservar la alianza hasta el final, pero es muy arriesgado. También puedo dejarla cuando quedemos sólo dos en el grupo, si es que sobrevivo hasta eso. Sólo una cosa me mantiene concentrada: demostrarle a mis padres que soy muy valiosa.
Mi equipo de preparación, que apenas parecen humanos, me informan que casi han terminado conmigo y dejo que me guíen hasta el tocador. Alisan mi cabello y lo colocan en un chongo bien colocado, que apenas sobresale de mi cabeza. Llenan mi cara de polvos para después poner labial y rubor dorado, delinean mis ojos y rizan mis pestañas, colocan adornos brillantes en ellas y aplican sombra con destellos hasta que parezco una joya dorada. Me veo al espejo y noto que aparento veinte años o más. Decido que debo parecer de esa misma madurez al actuar en la arena, como una adulta, no como una niña.
Mi estilista se llama Queev y está dando un discurso del vestuario que diseñó para mí, mientras me termino mi comida. Cuando por fin me lo muestra, veo una especie de ropa de...gladiadores. Es la palabra que viene a mi mente. En la escuela nos enseñaron sobre una antigua ciudad llamada Roma, donde los guerreros eran llamados con ese nombre y el disfraz que usaré me recuerdan a sus uniformes. El traje es incómodo pero así parezco realmente una guerrera, me colocan un casco que cubre mi cabello y me subo a unos zapatos con un tacón muy alto, así no me veré tan bajita. Subimos a la planta principal, donde veo varias carrozas con caballos. Cato ya está junto a nuestra carroza con un traje como el mío, por supuesto. La armadura dorada que traigo puesta me causa problemas al subir a la carroza, pero antes de que Cato me ayude ya estoy arriba. Ahí me quedo mientras observo a los demás tributos. Todos estamos callados y pegados a nuestros carros. Los tributos del 1, usan aerosol y túnicas plateadas, lo del 4 ropa con adornos de mar, algunos disfraces causan gracia, como las vacas del 10. La odiosa del 12 usa un mono negro y un casco al igual que su compañero, no es un mono de minero como cada año, pero tampoco es muy lindo. Me dedico a contemplar tratando de tranquilizarme, pues no pienso entrar en pánico. Cato se sube a la carroza, pero me mantengo lo más lejos que puedo. Mi corazón empieza a latir fuertemente, la puerta del estacionamiento se ha abierto.
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