CAPÍTULO 4:
No puedo dormir. He dormido varias horas y no puedo pegar un ojo. Después de dar muchas vueltas decido salir de mi habitación, camino con mucho cuidado para no despertar a nadie. Llego hasta el último vagón, donde hay ventanas enormes que permiten ver el paisaje, abro la puerta de cristal y noto una figura sentada en el suelo. Me doy la vuelta y salgo tratando de no hacer ruido pero él ya me ha escuchado -No te tienes que ir- me dice en voz baja. No sé por qué pero hago caso. No hablamos, entonces él empieza la conversación, hablamos sobre nuestro distrito y qué esperamos hacer en un futuro, claro, sin mencionar a los Juegos. Me gusta la sonrisa de Cato, me recuerda mucho a la de Tax. Estamos tan cerca, jamás estoy así de cerca de un chico, me resulta extraño. Además dice que le encanto y no sé en qué sentido lo dice. También descubro que me ruborizo, lo que me parece ridículo y para debiluchas, pero el comenta que es muy bonito ese color en mis mejillas. Hablamos de tantas cosas, reímos y descubrimos que después de todo podemos ser buenos amigos. Me siento por primera vez en la vida muy feliz, lo que es irónico pues voy a los Juegos. Como seguramente seremos aliados en la arena, es bueno que nos llevemos bien. Cuando comienza a amanecer ambos vamos a nuestros respectivos cuartos, cuando nos despedimos me da un beso en la mejilla lo que hace que sonría. Siento algo en el estómago, es tan extraño pero me gusta. Me quedo dormida con esa dulce sensación.
Cuando abro los ojos veo que han pasado al menos un par de horas desde que me quedé dormida. Me doy un baño y me pongo la ropa más linda que encuentro, decido que seré una Clove nueva. Como es temprano salgo sin hacer ruido y cuando estoy a punto de entrar al comedor oigo una conversación. Sé que no debería escuchar esto pero ya estoy aquí.
-¿Cómo va eso?- Es Brutus. Conozco su voz.
-Fue muy fácil de engañar, pensé que era más inteligente- ¡Cato! Es él, ¿se refiere a mí?
-Lo sospechaba. Esa chica aparenta ser muy ruda pero después de todo, es una chica- Sé que están hablando de mí, el miedo se apodera de mis sentidos. -Recuerda, debes enamorarla, que confíe ciegamente en ti. Ella será tu rival más fuerte en la Arena y si quieres ser el vencedor, mientras más ciega esté, mejor-
-Sí estoy en eso- dice Cato como si nada.
Regreso a mi habitación, me ordeno no llorar. ¿Cómo fui tan estúpida? Me quito la ropa tonta y me doy una ducha, quiero quitarme el maquillaje que me puse y la fragancia de rosas. Echo la ropa al bote de basura y me pongo unos pantalones de mezclilla con un suéter verde. Me hago una coleta muy alta como la de siempre y me dispongo a salir de la habitación. Es hora de demostrar quién es la mejor, Cato.
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